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Los coches autónomos y coches conectados cambiarán el mundo

El futuro es de los coches conectados y autónomos, y ya hemos dado los primeros pasos hacia esa realidad gracias a los sistemas semiautónomos y a las aplicaciones como Android Auto o Apple CarPlay. A este concepto de automóvil aun le queda camino por recorrer para ser una realidad comercial, pero ya ruedan muchos prototipos en fase de pruebas y recogida de datos como en el caso del bautismo en la nieve para el coche autónomo, y cada pocas semanas vemos avances significativos en las tecnologías que lo harán posible.

El futuro será de esos coches, y en ese futuro el mundo cambiará por completo. Imaginemos por un momento que es hoy cuando los coches conducen solos y los humanos no intervenimos en absoluto. ¿Qué habrá cambiado? ¿Cómo será el mundo?

Cero accidentes por error humano y consumos de combustible óptimos

Los accidentes de tráfico se producen por errores humanos en su inmensa mayoría. La conducción autónoma reduciría completamente ese factor humano y, por tanto, las cifras globales de accidentes y de mortalidad, pero no solo eso: los costes derivados de los accidentes de tráfico también se verían sustancialmente reducidos.

Una movilidad basada en coches autónomos y conectados nos llevaría a gastar menos combustible porque las rutas se optimizarían, no existirían atascos ni hora punta, o al menos no como la entendemos hoy en día. Este tipo de coches se podrían compartir de una manera sencilla y flexible, invirtiendo los tiempos muertos (aparcados en un parking o estacionados en la calle) en servir a otras personas que necesiten transporte. Si los coches no paran serán necesarias menos unidades. Si son necesarias menos unidades, tendremos muchas menos emisiones y contaminación.

Mejor gestión del espacio urbano y movilidad verdaderamente sostenible

La necesidad de zonas de aparcamiento en la actualidad se basa en la presunción de que las personas poseen coches. Es decir, uno dispone de su coche para ir al trabajo o salir de viaje, y tras ese desplazamiento lo estaciona porque no hay nadie más que lo pueda utilizar. Ese planteamiento es válido hoy, pero puede que no lo sea en el día de mañana. De hecho, una visión en cierto modo utópica del futuro con coches autónomos es que nadie poseerá coche en propiedad. Que dejará de existir esa necesidad. Partiendo de esa premisa, ya no serían necesarias las zonas de aparcamiento como las conocemos, porque los vehículos prácticamente pararían para recargar sus baterías o repostar combustible (y puede que sea más probable lo primero que lo segundo).

En un mundo de coches autónomos, las zonas de estacionamiento podrían estar automatizadas, como los parking robotizados que ya existen hoy en día, ocupando menos volumen y área y permitiendo la existencia de más zonas verdes, por ejemplo. Es por eso que en el mundo del coche autónomo todo ha de cambiar, hasta el diseño y la configuración de las ciudades y las vías de comunicación, para adaptarse a la nueva realidad de coches que circulan sin supervisión, guiados tan solo por sus “sentidos” y a las órdenes de su software, y a las diferentes fases del protocolo de comunicaciones con los demás coches autónomos, y con la infraestructura.

En esas condiciones podríamos pensar que desaparecerían las señales de tráfico, los semáforos y cualquier otra forma de señalización porque los propios vehículos regularían el tráfico desde dentro. Incluso, teniendo en cuenta que solo nos limitaría la velocidad de computación en cierto sentido, los límites de velocidad carecerían de sentido alguno, puesto que los propios vehículos circularían a la velocidad óptima de acuerdo con las exigencias y las circunstancias. ¿No sería maravilloso? No existirían los radares, ni las multas.

Con un mundo plagado de coches autónomos conectados cualquiera podría hacer uso de ellos, incluso los colectivos que en la actualidad solo ven desafíos o barreras infranqueables para ponerse a los mandos de un coche. Los invidentes, los ancianos, incluso los niños podrían hacer uso de los coches autónomos para ir a donde deseen, y todo ello sin necesidad de conocimiento alguno, o habilidad para conducir.

La congestión, los atascos, desaparecerían virtualmente. Según Driveless transportation, el uso de los coches autónomos compartidos para ir al puesto de trabajo aumentaría la ocupación de cada vehículo en un 50%, y eso llevaría inevitablemente a mitigar o eliminar la mayoría de las retenciones de tráfico en las ciudades. Esto, de nuevo, redundaría en positivo con menos emisiones, menos contaminación, menos gasto de combustible, y por supuesto menos estrés al volante.

Son muy numerosos los escenarios posibles en un mundo de coches autónomos y conectados. Todos ellos son posibles, pero como sucede siempre, la realidad superará a la ficción y en 20, 30 o 50 años viviremos en el presente lo que hoy se nos antoja el futuro lejano. Lo que sí hemos de dar por hecho es que el coche autónomo (conectado) elevará las cotas de eficiencia de transporte y gasto energético a límites insospechados, y reducirá notablemente la contaminación, los atascos y los gastos extra derivados del tráfico poco optimizado, y sus accidentes.

Aún y así no todos los posibles usuarios están muy convencidos de utilizar estos vehículos autónomos, aquí un enlace a un video de una señora asustada por el nuevo Tesla self drive..: https://www.youtube.com/watch?v=gUlKtqyUlo8

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